Esculturales y sonrientes, la broma fácil, las manos toscas con alguna que otra cicatriz, recuerdo de una pelea. John Milius habría enloquecido por ellos.
Las chicas, más silenciosas, sonríen. Casi todas se han escapado de sus hogares, inventando un descanso tranquilo en casa de una amiga, que por el contrario está sentada a su lado, hija de la misma mentira.
Un único sí sale de aquellas bocas con brillos de extraños sabores a fruta o barras de labios robadas a dependientes distraídos, o en baños maternos más llenos que muchas perfumerías.

esos primucos!!
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