No entiende si es sueño o realidad ese leve repiqueteo en la persiana. Tal vez sea el viento. Se agita en la cama. Lo oye otra vez. Un poco más fuerte, concreto, casi una señal. Se levanta y se acerca a la ventana. Mira entre las pequeñas rendijas que han quedado abiertas. Iluminado por la luz de la luna llena está él. Levanta la persiana intentando hacer el menor ruido posible.
Quizá porque mostrarse demasiado débil ante un amigo hace que después nos sintamos mal. Tal vez porque pensamos siempre que nuestro dolor es único, improbable, como todo lo que nos afecta.
